Educación financiera

El escaparate para el ahorro conservador empieza a cambiar

El inversor más conservador va a tener que tomar decisiones este año si quiere exprimir la rentabilidad de sus ahorros y no dejarse llevar sin más por la inercia del mercado hacia las bajadas de tipos. 2024 va a ser el año del recorte en el precio del dinero. Las fulminantes subidas iniciadas por los bancos centrales en 2022 ya han tocado a su fin, dejando en aquel año pérdidas rotundas tanto en Bolsa como en renta fija que mutaron en jugosas ganancias al año siguiente. Para este ejercicio las expectativas son más modestas pero hay una máxima que el pequeño ahorrador deberá tener muy presente: el interés que pagan los depósitos y los bonos no va a subir más y hay que amarrar rentabilidades antes de que llegue el recorte de tipos.

El año ha comenzado con ofertas en depósitos a plazo a un año aún por encima del 3% y con las letras del Tesoro rentando también más del 3% a doce meses. Pero al cabo de ese tiempo, cuando estos productos hayan vencido y toque buscar nuevo destino para la inversión, las ofertas disponibles serán mucho menos atractivas. Considerando una apuesta mesurada de cuatro bajadas en el precio del dinero durante 2024, las opciones de ahorro de dentro de doce meses serán al menos 100 puntos básicos inferiores a ese 3% actual. Un tercio menos de rentabilidad que obliga desde ya a intentar resolver un dilema: seguir en productos de ahorro a corto plazo, donde ahora se concentran las remuneraciones más atractivas, o ampliar el plazo de inversión con el fin de asegurar una rentabilidad aún aceptable y que sin duda va a ir a menos en los próximos meses.

“Si alguien duda ahora entre un depósito a seis o doce meses, sin duda será mejor a doce, ya que cuando toque renovar el de seis meses la rentabilidad será menor”, señala Ignasi Viladesau, director de inversiones de MyInvestor. La entidad es una de las que mantiene en el 3% su oferta de depósitos –al mismo nivel para seis y doce meses– y no tiene previsto ajustar a la baja su oferta en este primer trimestre, asegura Viladesau. “La perspectiva para el ahorrador es la mejor en 15 años. Por primera vez desde la gran crisis será posible batir a la inflación con una rentabilidad de entorno al 3%”, explica. La rentabilidad real, que permite evitar la pérdida de poder adquisitivo, volverá este año con el descenso de la inflación, gracias además a ganancias dignas para el ahorro, muy lejos de las de la larga etapa de los tipos a cero.

Pero amarrar la mayor rentabilidad posible entre el abanico de productos de ahorro conservador va a requerir el abandono de los depósitos –que tampoco han brillado pese al alza de tipos–y el paso a fondos de inversión. Y entre los fondos, el traslado desde los monetarios y de renta fija a más corto plazo hacia fondos de renta fija tradicional con bonos de mayor duración, de entre tres y cinco años, según señalan fuentes financieras.

Monetarios y fondos de renta fija a corto plazo son las opciones más seguras. Su rentabilidad brilló en 2023 gracias a las subidas de tipos y está poco expuesta a la volatilidad del mercado de bonos. Pero su corta duración les deja al margen de la ganancia de mercado que se espera este año para la renta fija. La valoración de los bonos a mayor plazo es más sensible a los movimientos en el precio del dinero y promete apreciarse ante los recortes de tipos en los próximos meses. El mercado ha anticipado esas bajadas con gran intensidad y poco realismo, frente a unos bancos centrales nada dispuestos a precipitarse con un cambio de rumbo. Los precios de los bonos aún pueden sufrir vaivenes notables si no se cumple esa expectativa de bajadas de tipos pero incluso si hay decepción, al inversor en deuda le va a quedar el consuelo del pago de cupón. “En una cartera de bonos a más plazo, puede haber riesgo de pérdida pero también una importante ganancia potencial”, señala Viladesau.

Oferta en fondos

Para Víctor Alvargonzález, fundador de la firma independiente de asesoramiento financiero Nextep, la alternativa más atractiva este año para el ahorro conservador está en los fondos de renta fija que invierten en deuda no a corto sino a medio plazo. “Los tipos ya no van a ser más altos de lo que son ahora, toca plantarse. Y en un fondo de renta fija la plusvalía puede llegar a ser mayor que el cupón de los bonos en los que invierte”, señala. Las entidades financieras están de hecho afinando su oferta con el fin de reconducir el ahorro hacia fondos de renta fija de mayor duración.

En 2024 vencerá un considerable volumen de inversiones realizadas el pasado año en activos a corto plazo, como las de los monetarios o las letras del Tesoro, a las que dar una una nueva alternativa de rentabilidad. “Estamos cambiando el foco y alargando las duraciones en los fondos de renta fija. El objetivo es que la rentabilidad media pueda acercarse al 3% durante un período de tres años y para ello no es aconsejable reinvertir en activos a corto plazo”, explica Federico Servetto, director de estrategia de clientes de Banco Sabadell.

En Mutuactivos también van a concentrar su propuesta al cliente conservador en los fondos de renta fija tradicionales y también en los fondos a vencimiento. Su apuesta en renta fija está bastante sesgada hacia la deuda corporativa, donde aprecian más potencial de rentabilidad que en la soberana. “Estamos en un momento bastante bueno para estar en renta fija. Una rentabilidad del 4% es una aspiración muy razonable para este año”, asegura Gabriel Pañeda, director de renta fija de la gestora de Mutua Madrileña.

Vehículos abiertos

Los fondos de deuda prometen seguir teniendo este año un lugar preferente en el escaparate de las entidades financieras. Pero ante la perspectiva de bajada en los tipos de interés, ¿qué opción es más interesante para un pequeño ahorrador, un fondo de renta fija tradicional o uno a vencimiento o de rentabilidad objetivo, la gran apuesta comercial del pasado año? Para Alvargonzález, sin duda la primera opción. El experto aconseja para el momento actual de mercado, y un perfil conservador, un fondo de renta fija tradicional abierto, que poder reembolsar de forma anticipada sin penalización y poder así aprovechar al máximo la plusvalía que se pueda generar.

En cambio, en los fondos de rentabilidad objetivo o a vencimiento, que fueron una gran apuesta comercial de la banca en 2023, la estrategia consiste en permanecer durante toda la vida del producto para cosechar la rentabilidad esperada. Esa rentabilidad será la que den los bonos en los que se invierte, sin la ganancia añadida de la apreciación que hayan llegado a registrar por el camino. Así, si el momento de mercado fuera propicio y se acumula una plusvalía, las exigencias para el reembolso pueden hacer preferible esperar con resignación al vencimiento. “Es importante conocer la letra pequeña de este tipo de fondos, si hay ventanas de salida, cuál es la comisión de reembolso anticipado o si se exige para ese reembolso acudir a la sucursal, como ocurre en algunos vehículos. No hay que perder de vista que en 2023, en los fondos de renta fija la gran parte de la rentabilidad ha venido por las plusvalías acumuladas”, apunta Alvargonzález.

Las entidades financieras reconocen que, aunque los fondos a vencimiento o de rentabilidad objetivo van a seguir estando en el escaparate en el inicio de año, se espera una menor demanda para este año. Los fondos garantizados, con rentabilidad referenciada a un índice bursátil, también van a ser una opción para el ahorrador más conservador. Será por ejemplo una de las apuestas de Banco Sabadell.

Los fondos de renta fija clásicos –no ya de rentabilidad objetivo o a vencimiento– pueden ser la opción más eficiente para el pequeño ahorrador pero arrastran el estigma de haber sido una gran e inesperada fuente de pérdidas en 2022. “No le va a ser fácil a la banca reconducir el ahorro conservador hacia los fondos tradicionales de renta fija”, asegura Alvargonzález. La gestión discrecional de carteras, la estrategia adoptada de forma cada vez más extendida entre las gestoras, será una fórmula más apetecible que un fondo puro y duro de renta fija. Así, una cartera de inversión conservadora permitirá atraer y retener al cliente a cambio de una comisión durante al menos tres años, sin agitar traumas recientes.

De momento, la gran batalla comercial de la banca se libra en las cuentas nómina, con el objetivo de captar clientes. La gestión de su ahorro será un paso posterior. Sabadell ha prorrogado hasta el 29 de enero su cuenta nómina al 6% los tres primeros meses. A partir del cuarto, la remuneración se sitúa en el 2%, con lo que la cuenta paga un 3% TAE en el conjunto del primer año. Openbank mantiene hasta fin de mes la promoción por la que paga 120 euros por llevar la nómina. Y Bankinter mantiene su cuenta nómina al 5% TAE el primer año.

En depósitos, las ofertas más agresivas, capitaneadas por la banca extranjera en España, ya han comenzado a bajar. El portugués Banco de Inversión Global (BiG) ha reducido rentabilidades aunque conserva un depósito a 6 meses al 4,25% TAE, desde 10.000 euros de importe, y uno a doce meses al 3,25% TAE. Y el italiano BFF (conocido como Facto) también ha recortado rentabilidades, con un depósito a tres meses aún al 3,8% TAE. En el español EBN Banco, con un depósito a doce meses al 3,2% TAE, aseguran que no han modificado su oferta y avanzan que “el cliente ya nos demuestra que los tipos van a comenzar a bajar. Se contratan productos a tipos más largos, más allá de doce meses”.

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