Educación financiera

Mi experiencia personal de elegir casas o fondos para invertir

Vivienda

En España el porcentaje de viviendas habituales en propiedad es superior al 75%. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En Europa esta ratio varía entre poco más del 50% en Alemania y más del 95% en Rumanía. En Estados Unidos, país con una gran movilidad laboral, pero un mercado inmobiliario con mayor rotación, las viviendas en propiedad son el 65%. Las diferencias se deben a factores culturales, económicos y políticos.

Por tradición familiar, yo no consideraba la compra del piso donde vivo en Madrid como una inversión, sino más bien como un paso natural de la vida. En cuanto me puse a trabajar, mi familia me animó a ahorrar para comprarme una casa. Otro incentivo adicional era la existencia de la cuenta ahorro vivienda, con la que podías desgravarte el 15% de lo que aportado y la desgravación de los intereses hipotecarios, aunque también eran bastante más altos que los actuales. El tipo de interés de los préstamos para adquisición de vivienda fue bajando desde el 17% en enero del 91 hasta menos del 5% en diciembre del 99.

En esa década, concretamente el 14 de enero de 1992 se creó el Ibex35. Justo en el año 92, yo empezaba a trabajar en el sector financiero, concretamente en el mundo de los derivados, que permiten invertir en Bolsa de forma apalancada. Repleta de conocimientos teóricos y convicciones muy firmes sobre el europeísmo generalizado, desprecié el riesgo de que Dinamarca votara no al Tratado de Maastricht. Aposté más de lo que tenía al negro y salió rojo. Escaldada por la experiencia en el 93, abrí una cuenta de ahorro vivienda y a finales de los 90 me compré una casa.

La verdad es que hubiera ganado mucho más invirtiendo ese dinero en mercados financieros. Las rentabilidades bursátiles estaban muy por encima de la remuneración de las cuentas de ahorro vivienda o los depósitos. Hubo años con rentabilidades superiores al 50% como el 93, cuando el Ibex con dividendos superó el 60% y, en media, el Ibex ofreció una rentabilidad hasta el 99 entorno al 25%. Muy superior a la remuneración de cuentas vivienda o depósitos.

Además de mi pequeño piso en Madrid, como soy de Toledo, tengo una casa en un pueblo cercano. Si tratara esta propiedad como una inversión puramente económica, el veredicto sería desfavorable. La construimos durante la burbuja inmobiliaria, ignorando las señales obvias de que no era el mejor momento. Al hacer cálculos, sugerí a mi esposo que sería más económico pasar los fines de semana en el parador de Toledo o en cualquier hotel que eligiera. Su respuesta fue: “Marta, no todo se puede medir en dinero, yo quiero una casa donde dejar mis cosas y cuidar mis rosas”. Las rosas y el deseo de dejar atrás los fines de semana en casa de mis padres fueron argumentos convincentes. Así que cedí.

A lo largo de los años, el tiempo ha demostrado que mi esposo tenía razón. La difícil tarea de cuantificar el bienestar mental que nos brinda esa casa es prácticamente imposible. Aunque esta segunda vivienda no tenga un retorno económico claro y no sabemos si alguna vez recuperaremos lo invertido, tal vez, con suerte, se convierta en nuestro refugio en la jubilación.

Mi perspectiva cambia cuando se trata de invertir en propiedades para alquilar. Mi experiencia es indirecta a través de las vivencias de mis padres, y debo decir que lidiar con la declaración de la renta y los desafíos de los juicios para desalojar a inquilinos morosos no es precisamente mi idea de inversión ideal. Prefiero los fondos de inversión, donde no tengo que preocuparme por la declaración y puedo diversificar entre acciones y bonos con relativa facilidad. Después de más de 30 años, he aprendido a lidiar con las idas y venidas del mercado.

Estoy segura de que hay inversores con experiencias opuestas a las mías. Algunos pueden tener una visión negativa de los fondos de inversión. La experiencia inversora es única para cada individuo, pero la vivienda también da disgustos y conlleva costes que solemos ignorar.

Los fondos de inversión, ya sean de renta variable o de renta fija de alto rendimiento, ofrecen la ventaja de bajos mínimos de inversión, facilidad para diversificar entre momentos de entrada, países y sectores, y con una liquidez casi inmediata. Sin embargo, muchos inversores encuentran difícil acostumbrarse a las fluctuaciones del valor de sus inversiones. Si bien las propiedades también experimentan fluctuaciones, no recibimos informes mensuales mostrando las pérdidas. Durante la crisis financiera de 2008 a 2012, las viviendas perdieron valor durante cinco años consecutivos, mientras que la bolsa cayó más rápido, pero para 2010 ya se había recuperado.

Las medias de las ganancias con propiedades son teóricas; cada propietario ganará más o menos según la casa que compró y por cuánto la ha podido alquilar. La rentabilidad de los principales índices bursátiles se puede alcanzar fácilmente con fondos indexados, aunque la elección del mercado bursátil es más importante que el fondo en particular. La posibilidad de diversificar en lugar de elegir un solo mercado es una ventaja significativa.

En resumen, la elección entre inversiones inmobiliarias y fondos de inversión depende más de las preferencias personales que de un rendimiento que es difícil comparar. Cada inversión tiene sus ventajas y desventajas, y la diversificación entre ellas puede ser la decisión más equilibrada.

Marta Díaz-Bajo es socia y directora de Soluciones de Inversión de Atl Capital

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